Atlas interactivo de biodiversidad provincial
Teruel es tierra de extremos climáticos, y su flora lo refleja. La provincia custodia algunos de los Sabinares Albares mejor conservados del planeta. La sabina albar (*Juniperus thurifera*), conocida como el "árbol que nunca muere", forma bosques abiertos esteparios que han resistido siglos de pastoreo y frío intenso. Es un paisaje ancestral que nos transporta al Pleistoceno.
En la Sierra de Albarracín, el contraste es cromático: sobre las areniscas rojas del triásico crecen los espectaculares Pinares de Rodeno (*Pinus pinaster*). El verde de las acículas sobre la piedra roja crea uno de los paisajes más fotogénicos de Aragón. En las altas parameras del Maestrazgo, la vegetación se vuelve almohadillada para resistir el viento ("cojines de monja"), y en otoño, los bosques de ribera y los avellanares escondidos en los barrancos estallan en colores amarillos.
`,El sonido del invierno en Teruel es el trompeteo de la Grulla Común. La Laguna de Gallocanta es el mayor dormidero de estas aves en el sur de Europa; ver amanecer con 40.000 grullas levantando el vuelo es un espectáculo de talla mundial. Pero Teruel tiene otra fauna invisible: la de las estepas. En los páramos vive la Alondra de Dupont (o Ricotí), un ave paseriforme en peligro de extinción que es el "fantasma del páramo", muy difícil de ver pero con un canto inconfundible.
En las sierras agrestes del Maestrazgo y Gúdar, la reina es la Cabra Montés. La baja densidad humana ha permitido que las poblaciones de ungulados (ciervos, corzos y cabras) se disparen, atrayendo a grandes rapaces como el Águila Real. Además, los ríos turolenses, de aguas frías y puras, son refugio de la Trucha Común autóctona y del amenazado Cangrejo de Río autóctono en cabeceras aisladas.