Atlas interactivo de biodiversidad provincial
Lleida es la provincia alpina por excelencia. En el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, el paisaje está dominado por bosques oscuros y densos de Abeto Blanco en las zonas húmedas y de Pino Negro (*Pinus uncinata*) en las cotas altas, capaces de resistir el peso de metros de nieve invernal con sus ramas elásticas.
Por encima de los 2.300 metros, el bosque desaparece y da paso a los prados alpinos, que en verano explotan en un festival de flores endémicas. Pero la joya botánica más delicada son las turberas y los "mulleres": suelos empapados de agua donde crecen musgos *Sphagnum* y plantas carnívoras como la *Drosera*, auténticas reliquias de la era glacial muy sensibles al pisoteo.
En el Prepirineo (Montsec), el clima se suaviza y aparecen extensos robledales y encinares, creando un corredor biológico fundamental hacia la depresión central.
Lleida alberga la fauna más emblemática de la alta montaña. Es el santuario indiscutible del Quebrantahuesos, el "buitre barbudo" que rompe huesos lanzándolos desde el aire. Gracias a la protección, hoy es relativamente fácil ver su silueta romboidal sobrevolando el Valle de Boí o el Pallars.
En los bosques de coníferas resiste, en situación crítica, el Urogallo, cuyo canto ancestral está desapareciendo debido al cambio climático y las molestias humanas. Mucho más abundante y visible es la Marmota Alpina (reintroducida desde los Alpes), cuyos silbidos de alerta resuenan en los valles pedregosos donde también salta el Rebeco (Isard).
En las cumbres más altas e inaccesibles, vive la Perdiz Nival, un ave que cambia su plumaje a blanco puro en invierno para camuflarse con la nieve, una adaptación evolutiva fascinante que comparte con el Armiño.